2 August 2012

REIVINDICANDO EL CUENTO DE ANTES DE DORMIR

La hora de dormir: el momento más temido del día para muchos padres y madres. Puedes pasarte el día jugando con tus niños. Disfrazarte de pirata para abordar al socorrista de la piscina municipal. Llevarlos en una carroza metálica haciendo carreras entre el pasillo de lácteos y el de los congelados. Incluso podéis adentraros en una aventura subterránea entre las estaciones de Sol y Tirso de Molina…

Pero a pesar de todo lo bien que lo hayáis pasado, a pesar de lo muy rendidos que lleguen a su cama… que puedan conciliar el sueño fácilmente no siempre es una tarea sencilla. Todos sabemos que enseñar a nuestros niños a dormir, es algo que se empieza a hacer desde el momento en el que nacen. Pero como los niños no son relojes y ninguna frase tiene más razón que aquella de que “cada pequeño es un mundo”…es muy común que según van creciendo, les cueste quedarse tranquilos en su cuarto a la hora de abrazar a Morfeo.

En nuestra mano está el ayudarles. Así que utilizamos herramientas que nos dicta el sentido común. Preparamos un entorno agradable, empelamos el cariño como arma-de-destrucción-masiva de los nervios. Pero he aquí un truco que suele funcionar desde hace milenios: el consabido cuento de antes de dormir.

El acto en sí, ya es implica una ceremonia que prepara al pequeño para la relajación. Tenemos que poner una luz tenue, el niño/a está tumbado…así que tenemos controlado el tema ambiental y el postural. Al leerle una historia, estamos haciendo que sea la hora de escuchar en vez de la de hablar. Y por supuesto queda la parte emocional, quizás la más importante.

Al compartir una historia y las sensaciones que ésta provoca, la unión y el vínculo emocional que se crea con el padre, madre o ambos, contribuye a relajar al pequeño. El saber que comparte con sus padres ese momento especial e íntimo del final del día, hará que de una manera u otra esté esperando que llegue la hora de estar en la cama acostado.

Así que por qué no, pongámoslo en práctica y a ver qué sale. Le funcionaba a nuestra abuela, así que a nosotros, que somos tan 2.0, no nos puede fallar.

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